Descripción
No todo lo que ilumina necesita brillar con fuerza.
A veces basta con permanecer.
Hay quien dice que quedarse a la lluna de València es llegar tarde.
Yo creo que, a veces, es exactamente lo contrario.
Es detenerse. Concederte un instante.
Mirar el mar cuando todos siguen caminando.
Escuchar el silencio cuando nadie lo hace.
Descubrir que la luz más hermosa no siempre viene del sol.
Estos pendientes nacen de esa idea.
Hechos con arroz Bomba, el más emblemático de los arrozales valencianos,
guardan la serenidad de quien no necesita destacar para ser extraordinario.
Blancos como la luna.
Con pequeños destellos dorados que aparecen sólo cuando la luz decide jugar con ellos, acariciarlos.
No buscan deslumbrar ni llamar la atención. Buscan quedarse.
Como el olor del mar cuando ya has vuelto a casa.
Como su sal sobre la piel.
Como esas noches de verano que nunca se olvidan,
no tanto por lo que ocurrió, sino por cómo te hicieron sentir.
Porque hay luces que no sirven para que los demás te vean.
Sirven para que tú nunca olvides quién eres.









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