Descripción
Porque hay flores que adornan…
y flores que anuncian que algo maravilloso está por llegar.
En Valencia, cuando los días empiezan a alargarse y las noches se vuelven más cálidas,
ocurre algo extraordinariamente sencillo: el aire cambia.
Y sin saber muy bien de dónde viene, un aroma dulce y limpio que se cuela por las ventanas,
acompaña los paseos y anuncia que algo hermoso está por llegar: la primavera ya viene.
Antes del fruto.
Antes de la cosecha.
Antes incluso de que el árbol muestre todo lo que guarda.
Porque el azahar siempre llega primero, como una promesa.
Pequeño, blanco, delicado. Y, sin embargo, capaz de perfumar jardines enteros.
Estos pendientes unen dos símbolos de nuestra tierra: el arroz y el naranjo.
Dos historias escritas con agua, sol y paciencia.
Uno alimenta. La otra florece y perfuma el camino.
Y juntos nos recuerdan que todo fruto comienza mucho antes de ser fruto.
Con una semilla.
Con una flor.
Con una intención.
Por eso Azahar no habla de llegar, habla de empezar.
Como uno de esos momentos en los que aún no ves el resultado, pero sabes que algo está creciendo.
Porque toda cosecha tuvo una primavera.
Y todo paraíso, alguna vez, olió a azahar.







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